Marisa cobra por cabeza
Una organizadora no tiene cocina, ni parlantes, ni mozos. Tiene gente alrededor, y esa gente cobra por cabeza, por jornada o por evento, y es leal al que confirma temprano y paga a tiempo. El primer acuerdo escrito de Carolina. Libro 1, capítulo 6.
Libro 1 · Parte II · Capítulo 6. Anterior: La seña de diciembre pagó la fiesta de octubre. Índice del libro: El sábado de las tres fiestas.
Marisa Ocampo pesaba la harina con una balanza de cocina vieja, de aguja, que tenía desde que había empezado con las empanadas para los cumpleaños del barrio. Era un miércoles de febrero del segundo año, nueve de la mañana, y Carolina estaba sentada en la única silla de la cocina con la planilla en el teléfono. Le traía ahora dos o tres fiestas por mes, a veces cuatro, y había venido a pedir dos cosas.
—Un precio de organizadora. Y crédito. Pagarte después de la fiesta, cuando cobro el saldo.
Marisa terminó de pesar. Apuntó un número en el cuaderno de tapa negra, dio vuelta la hoja y respondió en orden, como pesaba.
—Precio de organizadora, sí: diecisiete por cabeza en vez de dieciocho, en el menú de tres pasos, si me traés más de dos fiestas por mes. Crédito, no. Yo compro la carne el jueves y la pago el jueves. Si vos me pagás el lunes, la carne la financié yo, y yo no soy un banco, soy una cocina.
Carolina empezó a decir que era lo mismo que hacían todos, y Marisa levantó la mano con harina.
—Lo que te doy es otra cosa. Prioridad. Cuando me llega un sábado de diciembre con tres pedidos, el que tiene la seña puesta y el número confirmado va primero. Si me confirmás antes que Lito, cocino para vos antes que para Lito. Eso vale más que el crédito, pero no se ve.
Carolina lo anotó así, con las palabras de Marisa: Prioridad > crédito. Tardó diez meses en entender cuánto valía esa línea. Lo entendió el sábado en que Lito se quedó sin catering, que se cuenta al final de este capítulo.
Tomi y Agus, los dos amigos de los quince de Sofía, ya no eran amigos que ayudaban: eran freelancers. Tomi hacía montaje, cuarenta dólares la jornada, y Agus asistía en la fiesta, treinta y cinco. Cobraban al final de cada evento, en efectivo, cuando Carolina se acordaba.
En marzo, Carolina no se acordó. Tenía la cabeza en la camioneta nueva, que ya tenía un ruido, y en los Villalba, y les pagó las tres fiestas de marzo el 12 de abril, con una disculpa y una pizza. El sábado 20 de abril, cuando lo llamó para un montaje en La Glorieta, Tomi dijo que no podía: tenía una fiesta con Eventos Delfina. Pagaban lo mismo. Pagaban el mismo día.
Carolina lo tomó como una traición durante dos días. Al tercero, Nico le dijo lo que Marisa habría dicho con harina en la mano: un freelancer no es leal a una persona; es leal a la fecha confirmada y al pago puntual, porque de eso vive. Carolina no podía pagar más que Delfina, pero podía confirmar antes.
El primero de mayo, por primera vez, les mandó a Tomi, a Agus y a tres personas más que empezaban a trabajar con ella una lista: las fiestas del mes, con fecha, lugar, horario de montaje, horario de fin, lo que pagaba cada una y el día en que lo pagaba, el lunes siguiente a cada fiesta, por transferencia. Pidió que le confirmaran en cuarenta y ocho horas. Tomi contestó en veinte minutos con un audio desde un colectivo: "Confirmo las cinco. ¿Esto lo vas a mandar todos los meses?". Carolina dijo que sí. Tomi dijo que entonces las dos fechas que tenía con Delfina en mayo se las iba a pasar a un primo, y que si el primo trabajaba bien, también le podía mandar la lista a él. El primo trabajaba bien. En junio, la lista tenía siete nombres. Tomi confirmó todas. La lista salió el primero de cada mes durante los siguientes seis años, y cuando un freelancer nuevo preguntaba cómo se trabajaba con Ferreyra, los otros le contestaban con una sola frase: "te manda la lista el primero y te paga el lunes".
Con Nico era más difícil, porque Nico dormía en su casa.
Nico le cobraba a Carolina menos que a nadie, "por ser vos", y Carolina le pagaba a Nico más tarde que a nadie, "porque sos vos". Los dos creían que estaban siendo generosos. En junio del segundo año, en el garaje, discutieron durante una hora por USD 250 de un sonido que Nico había hecho en abril y que Carolina creía que ya había pagado, hasta que Carolina dijo una frase que después le dio vergüenza: "Si fueras otro proveedor, ya te lo habría pagado".
Nico se quedó callado. Después dijo que entonces fuera otro proveedor.
Lo hicieron por escrito, esa misma noche, en una hoja del cuaderno: una lista de precios de Nico por tipo de evento, sonido, luces, sonido y luces, con la hora extra; las fechas confirmadas con la lista del primero de cada mes, como todos; el pago el lunes siguiente, como todos. Nico preguntó, medio en broma, si lo iba a hacer firmar. Carolina le dijo que sí. Firmaron los dos, y durante un año funcionó, hasta que dejó de funcionar por razones que no tenían que ver con el papel y que se cuentan en el capítulo 8.
El acuerdo con Marisa se escribió en agosto, en la misma cocina, y fue el primero que Carolina llamó por su nombre. Una hoja. Siete puntos. Marisa la leyó dos veces, pidió dos cambios, y la pegó en la pared, al lado de su hoja plastificada, con un imán de una pizzería.
Decía: el número se confirma siete días antes, por escrito, y lo confirma Carolina, no la clienta. El precio por cabeza, por tipo de menú, con la lista pegada abajo. La seña del catering, el 30 %, entra el mismo día que entra la seña de la clienta. El saldo, cuarenta y ocho horas antes de la fiesta. Un mozo cada quince invitados, los mozos de más se cotizan aparte. Las roturas de la vajilla de Marisa las paga la fiesta que las rompió, según la lista de devolución. Y el último punto, el que Marisa había pedido agregar: a la clienta le habla Carolina. Si una madre llama a Marisa para cambiar el menú, Marisa la manda con Carolina.
Pasó en octubre. Una madre llamó a Marisa un jueves para pasar el menú de tres pasos a dos y agregar una mesa de quesos, "que es más o menos lo mismo". Marisa le dijo que con mucho gusto, y que lo hablara con Carolina, que era quien armaba la fiesta. La madre se enojó un poco. Carolina la llamó, le explicó que la mesa de quesos para noventa era más cara que el tercer paso, le mandó la diferencia por escrito, y la madre la aceptó. Marisa, esa noche, le mandó un mensaje de tres palabras: "Así se trabaja".
Y una frase más, la semana siguiente, cuando Carolina fue a pagar el saldo cuarenta y ocho horas antes, como decía la hoja de la pared:
—Yo cobro por cabeza. Vos cobrás por que las cabezas coincidan. No es menos trabajo. Es otro.
El sábado 10 de diciembre de ese año, Marisa tenía tres pedidos para la misma noche. Dos eran casamientos de Carolina, confirmados con seña y con número desde hacía un mes. El tercero era un fin de año de ciento veinte personas que Lito le había pedido el jueves, de palabra, por teléfono, para un cliente de La Glorieta. Marisa cocinaba para doscientas cincuenta personas por noche, no para trescientas setenta, y lo sabía como sabía el peso de la harina sin mirar la aguja.
Llamó a Lito el jueves a las cuatro de la tarde y le dijo que no. Lito, contaron después, primero se rió, porque hacía veinte años que nadie le decía que no en esa ciudad, y después se enojó. Terminó contratando un catering de la capital que cobró el doble, llegó con la comida tibia y un mozo menos, y sirvió el plato principal a las once y media de la noche. El cliente de Lito, una concesionaria que hacía su fin de año en La Glorieta desde siempre, no volvió.
Carolina se enteró el lunes, en la cocina, mientras le contaba a Marisa cómo habían salido los dos casamientos, cuyos saldos le había pagado el jueves, cuarenta y ocho horas antes, como decía la hoja de la pared.
—Lito me trae más fiestas que vos —le dijo Marisa, sin dejar de amasar—. Pero vos me las traés con el número.
Carolina volvió en el auto de Nico mirando la ruta y pensando en la línea de su cuaderno. Esa noche, debajo de Prioridad > crédito, dibujó una flecha y escribió una sola palabra: gana.
Lo que Nova vio
Una organizadora de eventos no tiene cocina, ni parlantes, ni mozos, ni mesas. Tiene gente alrededor, y su producto es, en el fondo, que esa gente llegue a la hora correcta con la cantidad correcta. Por eso las reglas con los proveedores no son un trámite administrativo: son el producto. Marisa lo dijo mejor que cualquier manual: Carolina cobra por que las cabezas coincidan.
Lo que Carolina pedía en febrero, precio y crédito, es lo que pide todo el mundo. Lo que Marisa daba, prioridad, es lo que vale en este rubro, donde el problema no es el precio del catering sino que haya catering el sábado 14 de diciembre. Y la prioridad se gana con tres cosas que no cuestan plata: confirmar antes, pagar el día que se dijo, y hablarle al proveedor con el número cerrado. Tomi lo enseñó por la negativa: el día que la fecha y el pago fueron inciertos, trabajó para otra.
La lista del primero de mes es, para mí, la decisión más importante de este capítulo, y Carolina la tomó como quien manda un mensaje. Es un acuerdo escrito con cinco personas, renovado todos los meses, que dice qué, cuándo y cuánto. Ninguna de esas cinco personas tuvo que confiar en Carolina: tuvieron que leer la lista.
Y Nico. El acuerdo escrito con la pareja fue correcto y no alcanzó, porque el problema no era el precio del sonido sino que había dos negocios y una sola casa. Eso no lo arregla una hoja; lo que la hoja hizo fue que, cuando llegó el momento de separar, hubiera algo escrito para separar.
Lo que hay que saber
Quién está alrededor de una fiesta y cómo cobra. Proveedores por cabeza: el catering, la mesa dulce, a veces la barra; su número es el número de invitados y por eso lo confirman antes que nadie. Proveedores por unidad: vajilla, mobiliario, mantelería, flores; cobran lo que se alquila y lo que se rompe. Proveedores por evento: sonido, DJ, luces; cobran la fecha, con hora extra. Freelancers por jornada: montaje, asistencia, coordinación del día; cobran el día y viven de que el día esté confirmado. Y los que cobran por hora, fotografía y video. Cada uno tiene su número y su momento, y la organizadora los sincroniza.
Lo que un proveedor da y lo que no. Casi nadie da crédito en un rubro donde la carne se compra el jueves. Lo que dan, a quien se lo gana, es prioridad en la fecha, un precio de organizadora por volumen, y aviso temprano cuando algo no va a llegar. Las tres cosas se ganan con confirmaciones por escrito, pagos puntuales y un número cerrado a tiempo. Pagar el lunes es una ventaja competitiva que no cuesta nada más que ordenarse.
El acuerdo escrito de una página. Siete puntos alcanzan: quién confirma el número y cuándo; precio por unidad, por cabeza o por jornada, con la lista; cuándo entra la seña del proveedor y de dónde sale; cuándo se paga el saldo; qué incluye y qué se cotiza aparte; quién paga lo que se rompe; y quién le habla al cliente. Se escribe una vez y se pega en una pared. Vale más que cualquier contrato que nadie lee.
Freelancers: la lista del primero de mes. Fechas, lugares, horarios, lo que paga cada una y el día de pago. Confirmación en cuarenta y ocho horas. Es un acuerdo mensual con todo el equipo eventual y la forma más barata de tener gente el sábado de diciembre. El día de pago fijo importa más que la tarifa.
El proveedor de reemplazo. Cada proveedor crítico, el que si falla deja la fiesta sin comida, sin sonido o sin sillas, tiene que tener un segundo nombre anotado al lado, con teléfono, precio aproximado y una prueba hecha antes de necesitarlo. No hace falta trabajar con los dos; hace falta haber hablado con el segundo antes del sábado en que el primero no puede. Lito no tenía a nadie anotado al lado de Marisa, y lo pagó con una concesionaria. La lista de reemplazos se revisa dos veces por año, antes de la temporada alta, cuando todavía hay tiempo de probar.
Socios no son proveedores. Un proveedor cobra por lo que hace; un socio comparte lo que queda, y lo que se debe. Mezclar las dos cosas, sobre todo en una pareja, es el error más común del rubro y el que más cuesta deshacer. Cómo se organizan compras y proveedores en una empresa, con sus reglas y sus registros, está en el capítulo 22 de Administrar una empresa; y cómo un sistema lleva esos acuerdos, en el capítulo 11 de El ERP completo.
Para tu negocio
Escribí la lista de todas las personas y empresas de las que depende tu próximo trabajo, con tres columnas: cómo cobra cada uno (por unidad, por cabeza, por jornada, por evento, por hora), cuándo le pagás, y si tenés algo escrito con esa persona. Elegí al proveedor del que más dependés, el que si falla te deja sin trabajo, y escribile un acuerdo de una página con los siete puntos. Llevalo a su cocina, a su taller o a su depósito, y pedile que lo lea dos veces.
Qué registrar desde hoy
- Por cada proveedor: precios vigentes, condiciones de seña y saldo, y la fecha del último acuerdo.
- Por cada fecha confirmada: qué proveedor confirmó, cuándo, y por qué medio. Una confirmación de palabra se anota como "sin confirmar".
- Por cada freelancer: jornadas trabajadas, tarifa, día de pago prometido y día de pago real.
- Lo que se rompió o faltó de cada proveedor, por fiesta. Es lo que decide con quién seguir.
La enseñanza
El proveedor no te da crédito: te da prioridad, y la prioridad se gana confirmando antes y pagando el día que dijiste. Un acuerdo de una página en la pared de una cocina vale más que un contrato que nadie lee.
Lo que sigue
En el capítulo 7, el invierno: el mes con una sola fiesta, tres meses de saldos debidos, Marisa que corta el crédito que nunca dio, y la noche en que Carolina dibujó por primera vez el año entero en una hoja.